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Sigüenza, una ciudad para vivir

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Elegante y señorial, la silueta de Sigüenza sorprende al viajero tras una curva de la carretera procedente de la autovía Madrid-Barcelona. Una curva llena de encanto que nos permite acceder a un lugar donde se dan la mano naturaleza y arte, historia y tradición, artesanía y buena cocina. Sigüenza es todo eso y mucho más.

Sin ir más lejos, y con motivo de la celebración del IV Centenario de la publicación de El Quijote, la población es el eje central de la décima etapa de la ruta creada por la Junta de Comunidades de Castilla - La Mancha, en honor de nuestra novela más universal y su autor, Miguel de Cervantes. Más, el ingenioso hidalgo no es el único personaje de leyenda relacionado con Sigüenza.

El mítico Cid Campeador también pasó por esta ciudad de obispos y guerreros, camino del Reino de Valencia. Y es que la historia seguntina está plagada de hitos y curiosidades que se muestran sin pudor a cada paso, en cada rincón empedrado de sus calles.

 Sus primeros pobladores, de posible origen celtibérico, se referían a ella como “la que domina el valle”, debido a su privilegiada situación, sobre un altozano que preside la cuenca alta del Henares. Los romanos establecieron aquí su Segontia, de la que se han encontrado diversos vestigios de carácter funerario bajo el suelo de La Alameda.Tras años de dominio musulmán, el obispo Bernardo de Agen tomó la población, iniciándo la construcción de la Catedral. Comenzó a tomar forma entonces la ciudad medieval que ha llegado hasta nuestros días. Un medievo que inunda la zona comprendida entre el castillo y el templo catedralicio. La fortaleza, hoy convertida en uno de los Paradores más llamativos de nuestra geografía, fue morada de los obispos de Sigüenza durante siete siglos. En 1487, además, sirvió como residencia de los Reyes Católicos a su paso por la ciudad. El paseo por sus almenas ofrece una magnífica vista del caserío seguntino. Entre sus estancias, destaca el salón del trono, la capilla y la celda donde vivió, hasta su destierro, Doña Blanca de Borbón, la esposa repudiada por Pedro I el Cruel. Una triste historia que se recuerda durante las Jornadas Medievales, con una pintoresca escenificación. Celebradas a lo largo de los primeros días de julio, estas jornadas ofrecen una oportunidad inmejorable para conocer la ciudad, rodeándose de caballeros, mercaderes y saltimbanquis.

 Aunque las calles de la parte alta del pueblo apenas necesitan ningún tipo de atrezzo. Tal es el caso de la Plazuela de la Cárcel, primera sede del Ayuntamiento, o la del Doncel, donde se encuentra la residencia de don Martín Vázquez de Arce, cuyo sepulcro contemplaremos un poco más tarde en la Catedral. Entre una y otra, la calle de la Travesaña Alta alberga la iglesia de San Vicente, un pequeño pero bellísimo templo románico, rematado con ciertos detalles góticos, como la pequeña imagen de la virgen que preside su portada. En su interior, sencillo y austero, guarda una magnífica talla policromada de un cristo crucificado, elaborado entre los siglo XII y XIII. Contrasta la quietud y tranquilidad de la iglesia y sus aledaños, con el ambiente festivo que inunda estas góticas calles durante las fiestas patronales de San Roque, a mediados de agosto.

Un breve paseo nos lleva desde la Plazuela de la Cárcel hasta la Puerta de Hierro y, unos metros más allá, al Arco del Portal Mayor, vestigios del recinto amurallado medieval de la ciudad. Junto a la primera, se encontraba la Sinagoga; a extramuros, la morería. Prueba palpable del legado cultural que atesora la ciudad y que puede admirarse, en buena medida, en el Museo Diocesano de la población, ubicado frente a la Catedral. Para llegar hasta ella, nada mejor que descender por la empedrada calle Mayor. A un lado y otro de la calle Mayor se suceden llamativas casonas solariegas, muchas de las cuales se han convertido en curiosas tiendas de artesanía, de obligada visita, o destacados restaurantes, donde probar las especialidades locales, como las migas, los torreznos, el cabrito o el cordero. Entre artesanos y fogones, la iglesia de Santiago muestra su destacada portada románica, como magnífico aperitivo previo a la visita de la Catedral.

 

Artículo: Victor Marcos Bojart, publicado en el número 109 de la revista España Desconocida. 

Fotos: webmaster.

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