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La calle Mayor desemboca en la Plaza Mayor o del Ayuntamiento, creado por el ilustre Cardenal Mendoza, el principal mecenas de Sigüenza, allá por el siglo XV. Su galería porticada comienza en los bajos del consistorio y se prolonga hasta la Puerta del Toril, otro de los accesos de la primitiva muralla. Sobre la puerta, llamada así por la función que desempeñaba durante los festejos taurinos, se levantó una galería corrida que permitía a los canónigos disfrutar de la fiesta. Conocida también como la ‘Fortis Seguntina’ por su carácter de templo-fortaleza, la Catedral es uno de los símbolos arquitectónicos de la ciudad. Buena parte de culpa tiene su fachada principal, románica, flanqueada por sendas torres almenadas. Tras la Puerta de los Perdones, el acceso principal, el gótico invade muros y capillas, como la de Santa Catalina o la de los Arce, donde se encuentra el sepulcro del Doncel de Sigüenza, don Martín Vázquez de Arce. Considerada una de las joyas de la escultura funeraria española, esta figura de alabastro parece transmitir su melancolía a todos los que la contemplan. El misterio invade una estancia donde reposan otros miembros de su ilustre familia. Mas, no es el único rincón de la Catedral que merece ser admirado. El altar de Nuestra Señora La Mayor, imagen del siglo XII, el claustro gótico-renacentista o la espectacular Sacristía de las Cabezas, realizada en el siglo XVI por Alonso de Covarrubias, no dejan indiferente.
Sigüenza contó con Universidad propia. El edificio, del siglo XVII, se levanta junto al Monasterio de los Jerónimos, orden que tuteló la universidad hasta el año 1835. Este es uno de los mejores lugares para contemplar la famosa procesión del Viernes Santo, conocida como la del Silencio. Por ello, no resulta extraño observar a la gente guardando sitio desde varias horas antes. La parte baja del pueblo se adorna con los jardines de la Alameda, lugar de tertulia y paseo cuyo origen se remonta a principios del siglo XIX. Con el buen tiempo, sus terrazas son punto de reunión de seguntinos y foráneos. Sin embargo, tampoco debemos despreciar el paseo por la Alameda durante el otoño, cuando un espeso manto de hojas cubre el suelo como una alfombra de color ocre, o en invierno, cuando las nevadas tiñen de blanco las ramas de los árboles y las fuentes se hielan.A través de la Alameda, además, se descubren no pocos monumentos. En un extremo, se encuentra la preciosa Ermita del Humilladero, hoy Oficina de Turismo. En el otro, el Convento de las Ursulinas, del siglo XVI, hoy uno de los principales colegios de la localidad. Cerca, se alza la ermita de San Roque, restaurada como Sala Municipal de Exposiciones, y el conjunto formado por el convento de las Clarisas y la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos.
En los alrededores de la Alameda se concentran la mayor parte de bares y tabernas de Sigüenza. La hora del vermouth, especialmente durante los fines de semana, es un auténtico ritual que tiene en el fino seguntino y en tapas como el perdigacho (anchoas y pan tostado) a sus protagonistas. Perfecto final para un paseo por la ‘Ciudad del Doncel’, antes de recorrer los atractivos que salpican sus alrededores. Victor Marcos Bojart. Artículo publicado en el número 109 de la revista España Desconocida. Fotos: webmaster. |